La captación y aferramiento al poder en México, limitan la mejora institucional
Dijo una vez Paulo Coelho: “Es mejor retirarse dejando un buen recuerdo que quedarse hasta convertirse en una carga” y en ese sentido; la concentración del poder en México de personas que no cuentan con la capacidad física y operativa para sostener las necesidades que implican diversas carteras, como las contempladas en las áreas de suma importancia como las del servicio exterior, las de seguridad y justicia en el país, las cuales, requieren de nuevos liderazgos, capaces de trabajar horas intensas durante todo el tiempo que duran en el cargo, con decisión, energía, reflejos y presencia real.
Aunado a lo anterior; debemos tener en cuenta que la percepción de falta de autonomía de los fiscales en México, se debe, a la forma en que se realizan los nombramientos que involucran al poder político, y a que las fiscalías, tanto a nivel federal, como estatal, están incrustadas dentro del sistema de gobierno, a pesar de que la Constitución establece que la Fiscalía General, es un órgano autónomo de la Presidencia de la República y los fiscales locales son autónomos de los gobiernos estatales.
La renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República; ha generado múltiples interpretaciones políticas, pero recordemos que la imposición de Alejandro Gertz Manero en la FGR, por parte de Andrés Manuel López Obrador, cuando este era Presidente de México, así lo demuestra, un modelo que, por cierto, se repite prácticamente en todos los estados del país, sin importar el partido que gobierno.
Es verdad que hoy; la Presidenta de México Claudia Sheinbaum Pardo, necesita a alguien verdaderamente suyo, o suya en la Fiscalía, por lo que haciendo uso del poder y del sistema mexicano, nuevamente se le da la vuelta a la ley, para imponer desde el Poder Ejecutivo a Ernestina Godoy como relevo de Gertz Manero en la Fiscalía General de la República.
Godoy fue la procuradora en la Ciudad de México y luego al modificarse la ley, fue la fiscal en la CDMX cuando Sheimbaum fungía como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, donde el equipo de seguridad y justicia de la entidad, lo integraban Godoy desde la fiscalía y Omar García Harfuch, que en aquel entonces, era Secretario de Seguridad Ciudadana de la ciudad capitalna.
Hoy; la estrategia de Claudia Sheinbaum es obvia, repetir el esquema, pero ahora con Godoy desde la FGR y Omar desde la SSPC, ya que ambos son soldados de Sheinbaum, a quien le profesan total lealtad y obediencia.
Sin embargo; parce existir una Ernestina Godoy de 2017, muy distinta a la Ernestina Godoy de 2025, así se puede percibir al recordar sus propias declaraciones de 2017, donde en aquel entonces, defendía firmemente la autonomía e independencia de las fiscalías, abogando por un proceso de nombramiento de fiscal abierto a la sociedad civil y alejado de los partidos políticos, en sus discursos de esa época criticaba que los nombramientos se hicieran por “cuotas políticas”, considerándolos una forma de “reparto” entre partidos, y señalaba que la Fiscalía debía ser ciudadana y apartidista, por lo que en contraste con su postura actual, en aquel entonces, criticaba el sistema de designación de Fiscal General contemplado en el artículo 102 de la Constitución, porque lo consideraba exclusivo del Senado y sin participación social.
Hace unos días; en una conferencia de prensa matutina en Palacio Nacional, cuando le preguntaron del tema a la presidenta, ella dijo que había recibido una carta de renuncia del Fiscal General de la República, la cual estaba analizando, y aseguró que Gertz Manero “ha hecho buen trabajo” y precisó… “Pienso yo que necesitamos mucho más coordinación de las Fiscalías estatales y la Fiscalía General de la República, hay temas de seguridad que es muy importante que haya una coordinación mayor, en eso estamos trabajando desde que llegamos…”. Además; la presidenta Claudia Sheinbaum al confirmar la salida de Alejandro Getz Manero de la Fiscalía General de la República, aseguró que al recibir su renuncia, le ofreció una embajada y él aceptó.
Otro tema que debemos recordar esta ubicado en la historia en septiembre de 2004; una fecha importante para mí, porque se me invitaba a trabajar en la Coordinación de Asesores de quien sería el nuevo Secretario de Seguridad Pública Federal.
En ese año de 2004; se informó sobre la salida del Secretario de Seguridad Pública Federal, precisamente de Alejandro Gertz Manero, ya que el gobierno, encabezado en aquel entonces por el Presidente de México Vicente Fox, enfrentaba cada vez más, diversas demandas ciudadanas que le reclamaban la falta de resultados en la lucha contra la corrupción, la impunidad y en contra del crimen y la inseguridad.
El anuncio de la salida de Alejandro Gertz Manero en el gobierno de Fox; se dio dos meses después de la histórica megamarcha del 27 de junio de 2004, la cual reunió a cientos de miles de ciudadanos en la capital mexicana, para exigir una mejor procuración e impartición de justicia y policía eficaces, porque habían pocos avances en el combate a la delincuencia, sin embargo, la salida de Gertz fue oficialmente atribuida a la pronta jubilación, ya que estaba próximo a cumplir 65 años el 31 de octubre de 2004.
De hecho; el propio Gertz aclaró que él no presentó renuncia alguna a Fox, como apuntaron los medios, sino que le pidió autorización para jubilarse; así, rechazó que dejar el cargo se debiera a una falta de resultados en sus tareas, destapados por la masiva manifestación de junio de 2004, Alejandro Gertz decía: “…La marcha no fue contra la Policía Federal Preventiva, contra las funciones del Sistema Nacional de Seguridad. Fue por la inseguridad en ciertas ciudades que no son de nuestra competencia, por ciertos delitos que no son los que nosotros combatimos…”.
En la opinión pública, sin embargo, el escepticismo fue mayúsculo, tanto con la gestión de la seguridad de Fox, como por las razones oficiales del relevo. El propio Secretario de Seguridad Pública Federal entrante Ramón Martín Huerta, explicó… “Entiendo que se quieran buscar causas, que se tienen que buscar razones de por qué se dan las cosas, yo lo respeto mucho, pero nadie es eterno en los puestos”, refiriéndose a su antecesor Alejandro Gertz Manero y es verdad, llega un momento en la vida profesional de los servidores públicos, en la que deben ser retirados, porque después de los 65 años, no importando el prestigio, la trayectoria o el conocimiento acumulado, simplemente, el cuerpo no contribuye a desempeñar bien las funciones que el cargo amerita y mucho menos a los 86 años o más.
Por lo que me llega a la mente otro personaje que traigo a la reflexión; Jesús Murillo Karam, quien fuera Procurador General de la República durante el gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto y quien daba una conferencia sobre el estado que guardaban las investigaciones sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y al no percatarse de que estaba el micrófono abierto, se le escucho decir la frase… “ya me cansé”, la cual generó gran polémica y causó que pidieran, incluso, su renuncia.
Quienes tuvimos el privilegio y el honor de haber estado trabajando en la oficina de un Secretario de Estado de Seguridad o asesorando a un Procurador o un Fiscal General, sabemos que estos cargos no permiten medias tintas, son responsabilidades que nos absorben la vida completa, pero que nos dan la oportunidad de servir y salvar al país, porque nuestras funciones, incluidas las del titular del ramo, van más allá de las horas de trabajo burocrático y además, implica arriesgar nuestra vida y la de nuestra familia, pero aún así, estamos dispuestos preparándonos mentalmente y físicamente para el buen desempeño que el cargo amerita y en ese orden de ideas, podemos inferir que a los 86 años de edad que tiene Alejandro Gertz, presenta una incapacidad física y operativa para sostener las horas que exige el cargo y esto, le rompió el control sobre la propia institución, como las filtraciones de los últimos meses que golpearon directamente al proyecto del partido en el poder, Morena y exhibieron a una Fiscalía ingobernable, con mandos descoordinados, con agenda propia y una disciplina interna colapsada, y es que cuando un fiscal ya no controla su institución, deja de ser útil políticamente y cuando, una institución deja de servir al poder que la nombró, su titular tiene las horas contadas, con independencia de que la delincuencia, violencia, corrupción e impunidad no disminuyen, las investigaciones de alto impacto de violencia generalizada y crimen organizado siguen pendientes, además de que los expedientes emblemáticos siguen congelados y las víctimas han seguido sin respuesta, enfrentando solas ante la Fiscalía General y las fiscalías estatales la violencia del crimen organizado, sin la coordinación eficiente con la Fiscalía General de la Republica con las entidades federativas, derivado a los problemas de salud de Alejandro Gertz y sus largas ausencias en momentos importantes para el país, pero también, sobre todo, algunos serios desacuerdos, cada vez más evidentes con la presidenta.
Es recomendable la lectura del libro “El Fiscal Imperial: El eslabón más oscuro de la 4T” escrito por J. Jesús Lemus el cual reflexiona sobre como Gertz ejercía el poder de manera personalista y vertical. Sin exagerarlo, deja clara una lección, cuando las instituciones dependen demasiado de una persona, el desgaste físico se convierte en desgaste institucional.
En ese escenario, tener un fiscal agotado en lo físico, en lo político y en lo operativo es un grave error y se comete otro error, por las mismas razones, al proponer a Alejandro Gertz para a desempeñar funciones como embajador de México en cualquiera de las representaciones diplomáticas del país a sus 86 años, cuando la propia Ley del Servicio Exterior Mexicano (LSEM), consigna que el límite de edad para ingresar a la diplomacia es de 70 años la edad de retiro.
La Ley en la materia nos da certeza a las tres etapas de la carrera de los miembros del servicio exterior: ingreso, desarrollo profesional y retiro, en los que se incluyen ampliación de las prestaciones laborales, se flexibilizan las condiciones para comisionar a su personal en otras dependencias y se imponen requisitos explícitos para los nombramientos en el extranjero de quienes no formen parte de los llamados diplomáticos de carrera, entre otros.
México no puede seguir nombrando a figuras que representan continuidad, comodidad política o vínculos históricos con el poder. Necesitamos una nueva generación de liderazgos tanto en las carteras de la política interior como hacia los nombramientos clave en el exterior.
